"La compañía
de las liendres"
Pedro
J. Acuña
Estoy sentada aquí. Tengo frío y hambre.
Extraño a mi mamá, no la he visto. Al que sí he visto es a Víctor. Mi mamá me
dijo que le dijera “papá”. Cuando entra al cuarto, Víctor siempre me pega; pero
mi mamá me dijo que ahora somos familia y me tengo que aguantar. La cabeza me
da comezón. Víctor me encerró porque me salieron liendres. Él no quiere tener
liendres. Me rasco la cabeza. En la mano me quedan unas bolitas blancas. Las
aprieto y oigo un ruidito. Igual y es el grito de las liendres. Pero esas bolitas
no son las liendres, ¿o sí? Creo que son las hijas de las liendres y, cuando
reviento una, su mamá grita. O tal vez todas las bolitas son hermanas y las que
gritan son las bolitas que todavía tengo en la cabeza. En el cuarto hay una
ventana. El foco no prende. Víctor me dijo que si quiero ir al baño, que haga
en la nica. A mí no me gusta. Huele feo; tiro por la ventana lo que hago. No
alcanzo a ver lo que pasa en la calle. Me subo en una silla y veo un parque. No
hay niños, pero me gusta ver los árboles. Me acuerdo cómo huelen; aquí huele a
encerrado, a ropa mojada. Veo lo que dejé en la nica; ahí hay bolitas. Ésas no
las agarro porque se me ensucia la mano. Me tapo con la cobija y también tiene
bolitas blancas. Me quito una de la cabeza y la pongo en la cobija. Está
visitando a sus primos. La agarré con mucho cuidado para no romperla. La vuelvo
a agarrar y la dejo con sus hermanas. A veces confundo a las bolitas y a una le
digo Mariana, pero se llama Manuel. Eso me pasa mucho porque todas se parecen.
Las únicas que no se parecen son las que dejo en la nica. Ésas son más cafés y
más grandes. No me gustan. Las bolitas de la cortina casi no las agarro porque
son de otra familia. Tal vez ellas son las liendres.
Despierto y me rasco el ojo. Me quito una
bolita de la pestaña. Nunca había tenido bolitas ahí. Ésta tiene algo adentro.
Es una cucaracha chiquita. ¿Ésas son las liendres? Tal vez son como los pollos,
que primero son huevos y luego pollos. Son liendres bebés. Las cuido para que
nazcan. Soy su mamá adoptiva. Las liendres de la cobija y de la cortina son
hijas de otra niña. Les hago una cunita con un cartón. Ahí pongo las liendres
bebés que me quito de la cabeza y les canto una canción... A que no me adivinas,
la gallina dónde está. Está tejiendo un huevo calientito y todo blanco para un
pollito nuevo que acaba de encargar. Las mamás de las otras liendres no han
venido nunca. Si vienen, podemos dejar a los bebés jugando y nosotras podemos
platicar de cosas de adultos. Cuido muy bien a sus hijas porque son mis
sobrinas. Las mamás son mis hermanas.
Despierto y veo que algo se mueve en la
cortina. Tal vez las liendres bebés de la cortina están naciendo. Me paro. Vino
una mamá. Tiene el tamaño de un perro pero es una cucaracha. No, no es una
cucaracha. Tiene los dientes salidos y muchos ojos. Creo que no me ha visto. La
mamá se quita de la cortina y va hacia la pared. Ahí hace del baño. Saca más
bolitas blancas. Las bolitas blancas se quedan en la pared. Ahora hay más
primos. Mi mamá me dijo que siempre ofreciera pastel y café. Le digo que si
quiere. La mamá me ve y se va.
Despierto y pongo las liendres bebés en su
cunita. Ya no caben. Hoy son más y tengo muchas en los ojos. Hago otra cunita y
las acomodo a todas. Creo que ya están creciendo porque oigo que lloran,
bajito. Las arrullo para que se duerman. Entran las brujas por las ventanas.
Siempre se esconden bajo las camas. Y con miradas bizcas echan chispas para
quemar a los muchachos tontos que no quieren estudiar… No sé qué coman. Las de
la nica comen eso que dejo. Pero ellas no me gustan. Por eso las tiro por la
ventana. Estoy haciendo en la nica; tengo bolitas blancas entre las piernas y
en la lengua. Saben raro, como cuando chupo una pila. No me como las liendres
bebés. Las que dejo en la nica viven en mi panza. Mi mamá ya es abuela. No ha
venido y Víctor no se queda mucho. Nada más me deja un plato de sopa y me
empuja y me pega; ya aprendí que cuando él entra me tengo que esconder. Él
patea las cunitas y aplasta a las liendres, dice que va a echar raid en todo el
cuarto, que soy una cochina. No grito para que no me encuentre, pero lloro
porque la mamá me va a reclamar a sus hijas. La sopa tiene nata. Sabe feo, pero
me tengo que aguantar. A veces tiene una patita de pollo. Guardo las patitas.
Cuando me da mucha hambre, las chupo. Se ponen verdes algunos dedos. Ésos los
tiro a la nica.
Despierto. Sobre la cobija está una de las
mamás. Se le salen dos dientes por la boca. No son dientes. Son bracitos sin
manos y se los limpia como las moscas. Sus patas están peludas. No sé si me
está viendo. Tiene ojos de muchos tamaños y de la frente le salen dos antenas
muy largas. Ésas se mueven mucho. Las antenas me tocan la cara. No me gusta.
Están duras y raspan. La mamá se voltea. Es como una abeja por atrás, pero
verde. Empieza a sacar bolitas blancas. Se acerca y me pone bolitas blancas en
la boca. Siento cómo se llenan mis cachetes de liendres bebés. Quiero moverme
pero no puedo.
Despierto con la nariz tapada. Me sueno con
la cobija, con una parte que no tiene bolitas blancas. Me duelen los oídos.
Salen mocos y liendres bebés embarradas de mocos. Las pongo en una cunita...
Son las malditas brujas empeñadas en buscar a los groseros, y mentirosos, y a
los que estudian mal. Si es que te portas bien a media noche las has de oír.
¡Pero cuidado, pues si eres malo brujas podrán venir!... Ya no alcanzan. Tengo
que fijarme para no pisarlas. Me duele la panza y me salió un grano en la mano.
El grano me da comezón, pero me acuerdo de que mi mamá me dijo que no me
rascara. Me duele la panza. Víctor no me ha traído la sopa. Tengo hambre. Chupo
una patita de pollo que guardé. Muerdo un dedo y veo la patita. Está llena de
bolitas blancas. No me como las liendres bebés. Viene la mamá. Estoy sentada en
la cama. Se pone al lado de mis pies. Me toca la pierna con sus antenas y luego
se sube a la pared. Ahí deja más bolitas blancas. Casi no puedo abrir la
ventana. Las paredes están llenas de liendres bebés. Mi cabeza tiene muchas y a
veces no puedo ver bien. Me salen granos en los brazos. Los que me salieron
primero son blancos. Los otros son rojos. Cuando están blancos son como las
bolitas. Son liendres que se me pegaron. En las piernas y la nariz también
tengo. La mamá viene más seguido. No puedo abrir la ventana. Está atorada por
las liendres. Hace mucho que no viene Víctor. Tengo hambre. Me duele la panza.
Chupo las patitas de pollo. Están todas verdes. Lo que hago en la nica huele
feo. Parece atole. La cobija se ve blanca por tantas bolitas. Ya no me acuesto
ahí para no apachurrar a las liendres. Me duermo en el suelo. Me da frío. Pongo
unas cunitas sobre otras para poder acostarme al lado de la cama. La mamá
viene. Me pone bolitas blancas en la boca. Son muchas. Toso. No puedo respirar.
La mamá no se va. Me sigue poniendo bolitas en la boca.
Despierto. No puedo abrir un ojo. Está lleno
de bolitas blancas. Me duele la espalda. Algunos granitos se reventaron.
Salieron unas liendres bebés. Todavía están pegadas a mi piel. Casi todos los
granitos están blancos. No me quiero acostar. Si me acuesto, voy a apachurrar a
las que tengo en la espalda. Me duermo sentada. Despierto. La mamá está
enfrente de mí. Me toca las piernas con sus antenas. Hay poca luz. Sus ojos son
negros, no como los míos, que son cafés. Hace ruidos. Vienen otras mamás. Son
tres, empiezan a hablarse. No les entiendo. Se acercan las otras dos. Se ponen
enfrente de mí. Se voltean y me ponen más bolitas blancas en la boca, en los
brazos y en las piernas. Me quedo quiete cita para que no se asusten y para que
no aplasten a las liendres bebés. Se van. No veo bien. Me da miedo. Quiero
dormirme otra vez. Tengo muchas liendres bebés en la cara. No me puedo mover.
Tengo comezón. Pero somos familia y me tengo que aguantar.
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