miércoles, 26 de noviembre de 2025

No siempre los niños...

 

"No siempre los niños son tontos"

MUHAMMAD SHUKRI

Traducción de Pedro Martinez Montisez

 

a marcha empezó desde uno de los barrios. Eran siete: dos llevaban una pancarta blanca en la que L no había nada escrito. Un niño con una paloma blanca dentro de una jaula verde precedía a la marcha. Por cada barrio por el que pasaban se les juntaban otros niños que llevaban jaulas con pájaros. Les seguían sus perros, y muchos llevaban en brazos gatos, conejos, gallos y pollitos. La marcha crecía cada vez que salían de un barrio y entraban en otro, y ya no era posible contarlos. Callados como no se habían mostrado hasta entonces, su marcha hacía sonreír a los transeúntes, pero ninguno se reía; la gente se preguntaba por el significado de aquella marcha. Los animales que llevaban la hacían más confusa. Los grandes no sabían, y quizá sólo los siete pequeños lo supieran. Tal vez ni lo supieran los nuevos niños participantes en la marcha. Ni hablaban, ni se empujaban, ni se adelantaban unos a otros. Marchaban y marchaban por los barrios antiguos, crecían y crecían; su gran número y su riguroso silencio asombraba a algunos transeúntes. Estos niños están hoy más sensatos de lo habitual, decía la gente. Padres y madres iban con la marcha, caminaban tras ella o a un lado. Los niños se separaban de sus padres y de sus madres y se unían a la marcha. Un niño lloraba en el camino, deseaba participar en ella, pero su madre, temerosa, se lo impedía.

Patalcaba, lloraba, le mordía la mano, hasta que se soltó de ella y se unió a la marcha, silencio-so, tranquilo. Ni siquiera se limpió las lágrimas para no al-terar el orden de la marcha.

Cuando llegaron a la plazuela, se detuvieron un instante. Los parroquianos de los cafés se pararon también por respeto a la marcha. En torno a ellos se reunió una gran muchedumbre; gentes tranquilas y calladas se asomaban por los balcones de los hoteles y las casas. Ellos miraban sólo hacia adelante, formaban un mundo totalmente propio, no se veía a un solo niño lejos de la marcha. Cuando los niños son tan sensatos, los mayores tienen que respetarlos; el mundo parece tener entonces otro significado.

Así le dijo uno de los transeúntes a su amigo. La marcha se movió hacia delante. Llegaron a la gran plaza. Se pararon. Forma-ron un círculo y se adelantaron tres al centro del gran círculo: dos de ellos alzaron en hombros al más pequeño. El niño pequeño sacó un papel blanco en el que no había nada escrito. Se puso a discursear en silencio: abría la boca sin decir nada. Todos miraban al pequeño orador que abría la boca sin decir nada.

 

Cuando terminó su silencioso discurso, dobló el papel y se lo metió en el bolsillo. Pequeños y grandes aplaudieron. Los dos niños bajaron con ternura a su pequeño colega. El portador de la paloma blanca dentro de la jaula verde se adelantó y la soltó al aire. Los otros niños soltaron también al aire los centenares de pájaros y de palomas. Quedaron libres también los animales que no volaban. Aplaudió la muchedumbre. Arborbolearon las campesinas y las ciudadanas que vestían chilaba y velo. Toda la gente ahora sonreía y se reía. Se paró el tránsito de automóviles algunos minutos. No se oyó ni un solo claxonazo de protesta por la detención del tránsito. Todos contemplaban los pájaros y las palomas que revoloteaban y los animales que no volaban, saltando entre los pies sin que nadie los tocara. Los niños empezaron a separarse alegres y gritando:

-¡Vivan las palomas!

-¡Vivan los pájaros!

-¡Vivan las gallinas!

-¡Vivan los conejos!

-¡Vivan los gatos!

-¡Vivan los perros!

Padres y madres abrazaban a sus hijos y los besaban.

 

 

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